• Tiempos aquellos

    Por las noches, siempre a la misma hora, nos reunimos a hablar de los

    viejos tiempos y recordamos con nostalgia nuestras andanzas.

    A pesar de pasar con ellos, gratos y divertidos

    momentos, yo sentía que faltaba algo…

    Nuestra ciudad aturdida, alborotada, había dejado de lado a los

    ancianos, a la poesía, la melodía, el reunirse a festejar en familia… ¡Su

    misión era inagotable!

    A medida que pasaba el tiempo, parecía que las cosas humanas ya se

    habían dejado en el olvido y que lo material, era sólo lo importante.

    Desde mi perspectiva, ya como jubilada, era ver a gente que corría,

    salía, entraba… sin importar lo que ocurría a su lado.

    Entonces fue cuando me pregunté qué podría hacer para ayudar a

    cambiar algo de las personas de esta gran ciudad.

    Pasaron los días y el deseo de querer colaborar, para vivir mejor, se me

    hacía complicado.

    Una mañana, al abrir la ventana y oír el trinar de los pájaros y las

    alegres voces de los niños que se dirigían a la escuela, sin pensar di la

    espalda al mundo, corrí a mi escuela, y sentado en el mismo banco que

    lo hacía de joven, mojé mi pluma en el tintero y comencé a escribir.

  • Por Susana Borchers
    Redacciòn tuguianorte.com