LONDRES

La primera vez que fuimos a Londres nos sorprendió casi desagradablemente: los precios eran terribles para nuestro presupuesto, así que teníamos que cuidarnos mucho donde comer y que comprar.

No obstante nos gustó mucho, por lo que años después decidimos volver. Esta vez, ya con experiencia pudimos disfrutar de una ciudad increíble.

Poder ver el Big Ben, el Palacio de Buckingham, la Abadía de Westminster, no tiene precio. La gente circula en forma permanente. El tránsito es intensísimo pero ordenado. Los choferes respetan a los peatones y entre sí. No escuchamos protestas en este sentido ni una sola vez.

En las plazas puede uno encontrarse con espectáculos callejeros de jerarquía; tanto un grupo cantando como alguno haciendo destrezas, oradores políticos o religiosos. De todo.

No se puede dejar de visitar la torre de Londres y el Puente. Tampoco olvidar de dar un paseo en barco por el Támesis.

Pero como en todas las otras ciudades que hemos recorrido, nuestra idea es: primero hacer la recorrida con los ómnibus turísticos que permiten conocer las principales atracciones y después uno elige cual visitar en detalle.

Uno puede trasladarse en subte (metro), colectivo o taxi. Cuando volvíamos al aeropuerto para no acarrear tanto las valijas, tomamos un taxi. El chofer era paquistaní y hablaba un muy buen inglés, así que charlamos con él todo el trayecto.

Por Carlos Cassani

Redacciòn tuguianorte.com