Recuperar los sueños

 

Los colores del paisaje se apagan poco a poco.

El guardabosque nos mira preocupado. Hombre corpulento, de ojos grandes y cortés.

—¡No podemos cruzarnos de brazos! —dice. Nos asigna tareas.  

Bosque que crece en dos valles, flanqueados por altos y afilados montes al compás de sus colores, el musgo de los suelos, sus silencios. El otoño se desliza en él, pintando cientos de tonalidades. Allá a lo lejos las praderas forman ondas con líneas rectas entrecruzadas, donde los arbustos construyen los peldaños de las montañas.

El sofocante fuego se hace notar sobre el quemado verdor. La sequedad de la tierra pide a gritos “agua”.

Al llegar al lago vemos como los pájaros revolotean en busca de sus nidos.

¡No podemos entender lo que sucede!

Las cabelleras de los árboles de espalda al horizonte, cubiertas de humo, suplican piedad… claman refugio.. En el viaje encuentran mucho desorden. Ambos aprenden la importancia del orden.Dos escarabajos en un juego llegan a un escondite y se pierden. Después de muchas peripecias logran salir del laberinto disfrazados.

 Un cardenal amarillo, con su triste trinar, acude a nuestro encuentro. Sus lágrimas alcanzan a cubrir el corazón y el alma del bosque. El fuego se apaga de inmediato…

Un inesperado relámpago desata una tormenta y desde el cielo alguien habla:

—Vuelvan al camino de paz que, con sueños renovados, han renacido las verdes ramas…

¡Esta extraña noticia voló muy rápido

Por susana Borchers

Redacciòn tuguianorte.com