Serás siempre un niño…

 

Una vez al año, solo una vez, Papá Noel cruza el planeta por tierra, mar y aire. No sabemos cómo lo hace y quizás sea mejor así, porque si lo supiéramos la magia de la noche de Navidad dejaría de existir.

 Siempre acompañado por su trineo, reparte los regalos que los niños, y a veces los no tan niños, solicitan. Cada año son más los regalos que debe repartir. Así que, desde hace unos cientos de miles de años, este señor tan mágico debe contar con la ayuda de un secretario. Y lo más alucinante de todo, es que este secretario es en realidad un duende. Un duende tan pequeñito que muchos lo confunden con un enanito.

 Este pequeño, llamado Barrilete,  lleva siempre bajo el brazo un mágico diario; en el que apunta todo lo que Papá Noel necesita recordar. Para después realizar un truco de magia que estoy segura les va a encantar:

 Mientras Papá Noel descansa, entre ciudad y ciudad, cerca  de una fogata para mantenerse caliente, Barrilete  se acerca a él con mucho cuidado, abre su mágico diario y sopla fuerte, muy fuerte sobre las páginas que ha escrito. Y de pronto todas las palabras se convierten, por arte de magia, en polvo de hadas.

 Este polvo de hadas sale volando para después caer sobre la cabeza de nuestro querido Papá Noel. ¡Y así, mágicamente, nunca se olvida de las tareas que tiene pendientes!

 El tiempo pasa y  ya han visitado cientos de casas, pero a pocos minutos de dar las doce el duende escucha a una madre entristecida, porque su hijo Nicolás ya ha dejado de ser un niño.

 Barrilete escucha desde lejos toda la conversación y en ese preciso instante se da cuenta de cómo poder ayudar con su mágico diario.

 Cuando el muchachito al fin se queda dormido, los dos entran en la casa con mucho cuidado. Y mientras Papá Noel va dejando todos los regalos al lado de la chimenea, el pequeño Barrilete se acerca a Nicolás muy despacito para no despertarlo. Abre su mágico diario y escribe: “Jugar con mis hermanos en la plaza”. Acto seguido, el duende sopla sobre estas palabras, las cuales se convierten en polvo de hadas y caen sobre la cabeza del muchacho justo en el momento en que las agujas del reloj marcan las doce de la noche.

 –        ¿Qué has hecho? –pregunta Papá Noel muy sorprendido.

 –        Le he devuelto un recuerdo perdido –responde Barrilete.

 A partir de entonces, el duende viaja por los cinco continentes  devolviendo a los niños grandes un recuerdo que habían perdido tiempo antes; para que puedan seguir creyendo en la magia de Papá Noel en Navidad.

Por Susana Borchers

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