Se oculta y me sonríe

No sé…  si ha sido para ti muy placentera mi llegada  después de recibir la pulverización y arrojarme sobre tu gran manto pero… estoy feliz de  compartir contigo el deseo de verte y escucharte.

Él es el gran rey del universo, crujido que apabulla y da  paz  a través del continuo vaivén de sus olas. Su estampido acuna una estela de voces y consuela las almas que esperan ansiosas la llegada, o la partida de un amor. Quedando muchos recuerdos, de eso me alimento
—¿Qué personajes entrarán en sus sueños hoy para guardar nuevas historias?

En su múltiple pasar, mira con ojos atentos que descubren heridas... heridas que descansan en torno a la magia de alguna roca (como mi caso) a veces y otras, en la profundidad junto a  su arena. Si alguna vez intentara pensar,  se ahogaría en el recuerdo de los horizontes, del viento  y del calor que cobijan las sombras en la noche. ¡Ha sufrido, parece duro… pero es blando por dentro!

Al llegar la oscuridad, sus playas se relajan cuando oculta los destellos verdosos para descansar.  Atento nos mira… nada  pregunta pero sé muy bien que  conoce a los que siempre lo admiramos.

Una mañana me miró y me extendió la mano…  Ese día pensó en hacerme un regalo y, como sabe que me agrada la música, habló con la brisa marina para que me compusiera una canción.  Ella aceptó encantada, a cambio solo le pidió algunos caracoles para guardar su música.

Desde allá lejos, todas las noches me saluda porque sabe que el recuerdo de mi alma se halla en el borde de la playa… al costado de la piedra más pequeña.

Ya pasó mucho tiempo y siempre me sonríe…

¡Soy parte de él!

 Por Susana Borchers

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