Aquel día en familia

 

Entonces los años pasaron y, como amigas, en cada reunión se acordaban de aquel  día que juntas habían pasado…

 ¡Ese día de carnaval había sido el más divertido y alucinante que ninguna de ellas hubiera vivido! ¡¡Cómo olvidarlo!!

 Eloisa se paseaba por el jardín de la casa con sus amigas disfrazadas con sus vestidos  de doncellas, sus tacones altos y sus abanicos  mientras su papá, desde la ventana, repasaba  sus gestos, sus modos y veía en ella, el retrato de su tía Maruca.

 El inmenso abanico de Eloisa era asombroso, sus adornos  con perlas llamaban la atención.

 El hermano de su padre, el tío Pedro, había subido a la terraza para saludarlas y decirles frases bellas y galantes.

 Antonella, la más pequeña,  vestida de duquesa, agitaba su pañuelo de encaje alentando a las otras niñas al juego y a la diversión.

 Cuando terminaron de ver al deslumbrante malabarista, Joaquín,  se sacaron los sombreros para saludar al tío Pedro vestido de mono. Las chicas estallaron de alegría con las piruetas que hacía.

 Las niñas, sentadas en el piso, con las piernas cruzadas, conversaban y comentaban acerca de sus vestidos, sombreros, de las monerías que el tío haría, del malabarista…

 ¡Verlas  disfrutar era un gusto… por lo que hacían y por lo que dejaron!

 Por Susana Borchers

Redacciòn tuguianorte.com