El abuelo…

Era una resplandeciente tarde de verano  cuando por  primera vez,  Sol  se fijó en que el abuelo  tenía muchísimas arrugas.

 Abuelo, deberías ponerte la crema de mamá - le dijo.

 El abuelo Horacio sonrió, y de esta manera más arrugas aparecieron en su cara.

 - ¿Lo ves? ¡Tienes demasiadas arrugas Abu!

- Ya lo sé mi niña. Es que soy un poquito viejo ya pero… no me gustaría perder ni una sola de ellas. ¿Y sabes acaso por qué?  Porque de cada una guardo el recuerdo de algo que aprendí.

 A la niña se le abrieron los ojos como si hubiera descubierto un tesoro, y así los mantuvo mientras el abuelo le mostraba la arruga en la que guardaba el día que aprendió que era mejor perdonar que guardar rencor, o aquella otra que decía que escuchar era mejor que hablar, esa otra enorme que mostraba que es más importante dar que recibir o una muy escondida, detrás de su mentón,  que decía que no había nada mejor que pasar el tiempo con los nietos... Y aquella otra muy escondida, ya profunda pero con muchos signos de alegría, que era la que marcaba la llegada de sus  hijos…

 Desde aquel día, a pesar de los años del  abuelo, a Sol le parecía cada día,  más guapo el nono, y con cada arruga que aparecía en su rostro, la niña acudía corriendo para ver qué nueva lección había aprendido. Hasta que en una de aquellas charlas, fue su abuelo quien descubrió una pequeña arruga en el cuello de la niña:

 - ¿Y tú? ¿Qué lección guardas ahí?

 Ella  se quedó pensando un momento. Luego sonrió y dijo:

 - Esta… esta no es una arrugita abuelito, es la mancha de una fibra con la que estuve pintando…¡Qué  importa lo viejito que llegues a ser abuelito ni la cantidad de arrugas que tengas… lo mas importante es que.... te quiero y además, comprobé,  que  la magia de tus arrugas me han enseñado que “No se trata solo la vida de jugar , cantar, pasear, estudiar… sino de mucho más”

Por Susana Borchers

Redacciòn tuguianorte.com