Amigos para siempre

 Por las noches, manso y calmo, duermo esperando el nuevo día. Luego, con el nuevo amanecer, el sol me despierta con el calor de  sus dorados rayos.

 Este verano, un día cerca de una de mis playas se bañaba una familia.

 ¡Felices  disfrutaban de las gotas que salpicaban mis olas!

 Aquella mañana de mucho calor observé sobre las rocas, que mis pesadas gotas desaparecían velozmente y entonces, me pregunté: — ¿Qué está pasando?

 Ansioso por saber que ocurría le pregunté a mi amigo: —¿Podrías  ayudarme a averiguar por qué mis gotas, en un abrir y cerrar de ojos, ya no están?

 Aceptó… y con su calor, hizo subir más y más gotas al cielo. Y así apretaditas volaron tan alto que se vieron obligadas a juntarse, y al formarse nubes más pesados que el aire,  cayendo en forma de lluvia.

 ¿Viste que rápido ocurre? —agregó.

 ¿Eh… cómo lo  hiciste?— dije sorprendido.

 Tantas veces me pregunté porque mis gotas de pronto ya no estaban… y hoy,  gracias a la ayuda del sol, aprendí algo nuevo.

 Y mientras la tarde caía, una suave voz se escuchó  desde lo más profundo del mar:

 — ¡Qué lindo es tener amigos que te enseñan y te ayudan a comprender cosas, que aún uno desconoce!

Por Susana Borchers

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