Un pequeño llamado Ranflet

Allá a lo lejos, detrás de la montaña, había un río muy ancho y con aguas  transparentes y  serenas. Sus peces disfrutaban de sus paseos  porque sabían muy bien, que él los protegía.

¡No era un río como todos, era algo especial!

¿Y saben por qué…?

Porque la bondad que inspiraba, hacía formar sobre él, cintas de colores.

Una tarde se acercó a su orilla un niño llamado Ranflet, con un hermoso perro blanco.Apenado el niño se sentó en su borde y se puso a llorar.

– ¿Qué te sucede?– le preguntó el río al verlotan desamparado.

– Tengo una  pena- le contestó.

– Si tienes pena, asómate a mi orilla, mírate en mis aguas a través de las cintas de colores  y así tu tristeza desaparecerá-  dijo el amable río.

El pequeño se inclinó sobre las aguas y vio  las caritas de los peces que se acercaban a él para hablarle al oído.

¡No te pongas triste amigo… mira a tu alrededor, no te detengas!

Del fondo del río una voz acotó:

—    Tu pena no es tristeza… ¿es quizás falta de amigos?

El cielo, que estaba cubierto de nubes y muy abatido al escuchar las palabras de Ranflet, abrió sus alas y dejó pasar los rayos del sol que se encontraban escondidos.

Las lágrimas del niño, con matices de colores, ya se habían convertido en parte del río. Y al salir el sol el arcoiris se acopló a formar, con sus lágrimas, un divertido multicolor.

Volvió el pequeño a mirarse en el río y vio su imagen en el agua, sonriendo. En la mejilla, sin atreverse a salir del todo, había quedado una lágrima rezagada, tímida y pura.

Era la lágrima más tierna y sumisa que de alegría no se había animado a bajar. Era, sin duda, la lágrima de la alegría.

Las lágrimas de los niños producidas por la alegría son como las aguas de los ríos transparentes, de los ríos que inspiran bondad, tranquilidad, sosiego y quietud.

 Por: Susana Borchers

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